Los
estudios culturales según Szurmuk (s.a) surgieron como un campo
interdisciplinario en el mundo angloparlante en los años cincuenta y sesenta,
como parte de un movimiento democratizador de la cultura. En América Latina, el
uso del concepto de estudios culturales es mucho más reciente. Aunque el
concepto parte de la tradición británica, también tiene su origen en una
tradición que se remonta a la ensayística del siglo XIX y al ensayo crítico del
siglo XX.
Así, los estudios culturales se muestran como un
campo intelectual diverso, interdisciplinario y político. En América Latina la
marca de lo político a partir de los años treinta ha sido tradicionalmente
marxista y se institucionalizó en 1959 con la revolución cubana y los
movimientos revolucionarios de los años sesenta y setenta. Estos movimientos
crearon una narrativa continental que imagina a América Latina como unidad y
que se ocupa de la relación entre la cultura y los destinos políticos. Mientras
que la marca de lo cultural en los movimientos revolucionarios latinoamericanos
es notable, puesto que determina tanto lo político como lo literario. Aunque
las artes no literarias no lograron tener la misma visibilidad mundial que el
boom literario, este vínculo entre la política “revolucionaria” y la producción
artística, también es muy evidente en obras de teatro, música popular, cine,
entre otros, de dicha época.
Ahora bien, es necesario conocer la genealogía de los estudios
culturales latinoamericanos ya que es múltiple. Por ello Szurmuk & Irwin
(s.a) plantea que la formación de los estudios culturales se puede pensar como
un proceso de retroalimentación constante entre diferentes grupos de la
sociedad civil, modos culturales populares, instituciones culturales, estados
nacionales, corrientes de pensamiento internacional y continental. Algunos
momentos importantes en el desarrollo de los estudios culturales
latinoamericanos son:
1. La tradición
ensayística latinoamericana de los siglos XIX y XX;
2. La recepción de los textos de la
Escuela de Frankfurt, del Centro de
Estudios Culturales Contemporáneos
de Birmingham y los del posestructuralismo francés;
3. La relación horizontal (sur-sur)
con desarrollos intelectuales y proyectos académicos de otras áreas geográficas
como los estudios del subalterno y el poscolonialismo.
4. El desarrollo de una agenda de
investigación en estudios culturales latinoamericanos en Estados Unidos –esta
agenda de investigación está relacionada con movimientos sociales de políticas
de identidad: feminismo, movimientos chicano y afroamericano, militancia gay y
con su importante papel en la incorporación de teoría crítica
multidisciplinaria y en su cuestionamiento de cánones y epistemologías.
En cuanto a la tradición ensayística latinoamericana
de los siglos XIX y XX Szurmuk & Irwin (s.a) hace mención que los estudios
culturales latinoamericanos tienen su origen en la rica tradición ensayística
que, como señala Alicia Ríos, sirvió a lo largo de los siglos XIX y XX para
debatir temas decisivos como “cuestiones de lo nacional y lo continental, lo
rural y lo urbano, la tradición contra la modernidad, memoria e identidad,
subjetividad y ciudadanía y, especialmente, el papel de los intelectuales y las
instituciones en la formación de discursos y de prácticas sociales, culturales
y políticas”. En estos textos las constelaciones cognoscitivas que se fueron
presentando dominaron el periodo 1820-1960, se logra identificar en la
siguiente cita:
En estos textos se
fueron presentando las constelaciones cognoscitivas que según
Ríos dominaron el periodo 1820-1960:
neocolonialismo, modernidad y modernización, el problema nacional,
lo popular, y el eje identidades/alteridades/etnicidades. Un producto del
ensayo es la formación de la idea del “hombre público” que
participa en las guerras de independencia, en revoluciones como la
mexicana, en el gobierno, en la oposición y es también estadista, ensayista,
periodista, historiógrafo, poeta, novelista. El ejemplo paradigmático es
Domingo Faustino Sarmiento, autor de Facundo. En el
cambio de siglo, del XIX al XX, se profesionaliza la literatura y el
periodismo, pero la presencia de la interpretación de la realidad política y
social como eje fundamental para la reflexión intelectual perdura hasta nuestros
días (Szurmuk & Irwin, s.a, pág. 12).
Como es notorio en el párrafo anterior los estudios
culturales latinoamericanos Según Szurmuk, (s.a) han seguido varias de las
líneas de pensamiento o temas de debate de la tradición ensayística continental
(la identidad latinoamericana, las idiosincrasias que distinguen la cultura
latinoamericana de la europea o la estadunidense, la diferencia racial y el
mestizaje, la transculturación y la heterogeneidad, la modernidad, entre otros
temas) enfocándose en las figuras más significativas. Dentro de ellas se
destacan: Andrés Bello, Sarmiento, José Martí, José Enrique Rodó, ManuelGonzález Prada, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, JoséCarlos Mariátegui, Fernando Ortiz, Antonio Cándido, Roberto Fernández Retamar,
Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar. Además existen figuras fundamentales del
ensayo en el entorno regional que tienen alcance continental, como lo son:
Ezequiel Martínez Estrada para el Río de la Plata, Octavio Paz para México, AiméCésaire para el Caribe francófono, Darcy Ribeiro y Gilberto Freyre para Brasil.
En lo que respecta a la recepción de los textos de la
Escuela de Frankfurt, del Centro para Estudios Culturales Contemporáneos de
Birmingham y los del posestructuralismo francés, Szurmuk (s.a) postula que
muchos críticos han cuestionado el carácter cosmopolita de los estudios
culturales argumentado que en América Latina, debido a que los estudios
culturales tienen una tradición propia anterior a la importación de los modelos
de prácticas de estudios culturales que se originaron en la academia
norteamericana en los años ochenta y noventa. Los críticos que a menudo se
citan como culturalistas avant la lettre Carlos Altamirano, Carlos Monsiváis,
Renato Ortiz, Beatriz Sarlo, entre otros, trabajaron en diálogo con modelos de
análisis cultural europeos principalmente de la Escuela de Frankfurt, el
Centro para Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham y el
posestructuralismo francés.
El autor hace mención que estas
tradiciones tuvieron recepciones en diferentes momentos en América Latina y en
Estados Unidos es decir que no llegaron a América Latina por medio de la
academia estadunidense. La apropiación, traducción y reformulación de teorías
de la cultura surgidas en la Europa de la posguerra, especialmente los trabajos
de la Escuela de Frankfurt (Theodor Adorno, Walter Benjamin, Max Horkheimer),
el nuevo marxismo (Louis Althusser, Antonio Gramsci), los estudios culturales
británicos como Raymond Williams, Richard Hoggart, Stuart Hall y el
posestructuralismo francés (Michel Foucault, Jacques Lacan) ha sido fundamental
para la definición y diseño de proyectos intelectuales en América Latina, igual
que otros intelectuales franceses como Roland Barthes, Michel de Certeau,
Gilles Deleuze y Pierre Bourdieu. Ante esto el autor plantea que: En
contraposición al enfoque en obras de arte de la cultura letrada, los estudios
culturales se han enfocado en formas de cultura “baja”, popular y masiva.
Heredan de la diáspora intelectual judeo-alemana exiliada del nazismo, la
preocupación por el poder de la industria cultural y el interés por analizar
nuevos modos de producción cultural, muchas veces con el signo cambiado: si
para la Escuela de Frankfurt la industria cultural significaba el final de la
originalidad en el arte y la creación de una sociedad masificada sin libertad
individual, donde el arte era una mercancía más (Adorno y Horkheimer), los
estudios culturales buscarán los espacios de resistencia dentro de la cultura popular
y de masas (Szurmuk & Irwin, s.a, pág. 15).
Otro aspecto relevante que plantea Szurmuk está en relación al Centro para los Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham, pues fue fundado por Richard Hoggart; este fue el primer espacio académico donde se trabajó sistemáticamente sobre los estudios culturales. Dos ejes fundamentales para los estudios culturales británicos fueron la industria cultural y el énfasis en la cultura cotidiana de la clase trabajadora siguiendo el modelo para entender esa clase postulada por The Making of the English Working Class (1968) del historiador E. P. Thompson.
Así pues, Szurmuk (s.a) reitera que la línea posestructuralista de los estudios culturales surge de la lingüística, de los estudios literarios y de la semiótica y se inspira en el trabajo de LouisAlthusser (teorización sobre los mecanismos sociales de la ideología), de Roland Barthes (lecturas de los sistemas semióticos empleados por modos diversos de expresión cultural: fotografía, propaganda comercial, industria de la moda, etc.), de Jacques Lacan (expansión del psicoanálisis freudiano con enfoque en el papel central del lenguaje en la constitución del sujeto y el pensamiento en general) y de Michel Foucault (estudios importantes sobre los mecanismos del poder y su relación con el saber), todo ello da paso a concebir la cultura como discursos semiautónomos y que son susceptibles a análisis ideológicos.
Definiciones
Respecto a las definiciones de Estudios Culturales, se puede
mencionar que Stuart Hall citado en Restrepo (s. a.) se refiere a este fenómeno
como un campo interdisciplinario, para entender los complejos amarres de lo
cultural y el poder en lo concreto requiriendo de una labor intelectual no
reduccionista. A partir de esta definición se puede entender que los Estudios
Culturales no se centran especialmente en estudiar un fenómeno social visto
solo desde una perspectiva, sino hay varios enfoques en los cuales se puede
estudiar dichos fenómenos.
Otra de las definición la establece Szurmuk y Mckee (2009) cuando
dice que los Estudios Culturales como una especie de abanico de metodologías
interdisciplinarias de investigación. Esta definición puede ser interpretar
como un conjunto de ciencias y metodologías que tienen un motivo en común, este
es el de dar explicación a fenómenos sociales que se dieron y se siguen dando
en la historia de la humanidad, pautas de conducta, y la relación
intercultural.
Establecida la definición los estudios culturales en general,
es válido saber que en este punto a que se refiere el término de Estudios
Culturales Latinoamericanos. En cuanto a este enfoque americano sobre estudios
de la cultura se sabe que, esta clase de trabajos se refiere a una empresa
interdisciplinaria y multifacética enfocada en los estudios sobre la cultura
Latinoamericana, cuya principal característica de es su enfoque es la
importancia que toman las subculturas tradicionalmente marginadas incluyendo la
de los grupos subalternos y comunidades de cierta forma desprestigiadas por su
sexo, raza, preferencia sexual entre otras cosas (Szurmuk y Mckee, 2009). En
este tipo de estudios Latinoamericanos cobra importancia toda forma de
expresión cultural desde la más alta cultura hasta la cultura de masas o
cultura popular.
En otras definiciones Auza Garrido (s. a.) ve desde una
perspectiva crítica los E.C. latinoamericanos. En su artículo denominado; Ficciones y realidades de los EstudiosCulturales cita a Roberto Fallarín autor que hace una crítica a este tipo
de estudios latinoamericanos al definirlos como una Fetichización de la cultura al pensar lo social puede ser
remplazado por lo cultural, ya que esta forma de pensar según el autor deja
fuera elementos claves como las estructuras por la que está formada la
sociedad. Interpretando esta crítica se puede decir que los E. C.
latinoamericanos dejan de lado aspectos sociales como los que tienen que ver
con las estructuras en las que se puede dividir la sociedad, para el autor hay
un lazo fuerte de interdependencia entre lo social y lo cultural.
Por otra parte, Ríos (2002) define los Estudios culturales
Latinoamericanos como un campo configurado dentro de la tradición crítica, que
mantiene un dialogo contantes y muchas veces conflictivo con las escuelas
europeas de pensamiento como lo son: el estructuralismo francés, la filosofía,
el posestructuralismo, modelos sociológicos de la cultura entre otros. En este
punto se puede decir que los E.C. latinoamericanos son autónomos en sí mismo,
es decir que existe una diferencia marcada entre E.C. europeos y latinoamericanos,
en la medida en que unos se auxilian de las escuelas antes planteadas y los
otros las cuestionan.
Por otro lado, Walsh (2003) hace una clara distinción al
establecer que, los E. C. latinoamericanos a diferencia de otras partes del
mundo, son un conjunto de estudios caracterizados por una fuerte estructura
disciplinaria dentro de las humanidades con un fuerte eje en la literatura, el
arte, filosofía, y las ciencias sociales. Es te autor destaca también un error
que se comete en el proceso sobre los estudios de la cultura, este tiene que
ver con separar el sujeto del objeto del conocimiento, es decir dejar pasar por
alto la relación dialéctica entre sujeto y estructura.
Ahora bien,
sintetizando este conjunto de definiciones se puede llegar a la conclusión que,
existe una diferencia entre las definiciones E. C. latinoamericanos y E.
C. En general. Esta diferencia es muy
marcada, en la medida en que los Estudios Culturales Latinoamericanos enfocan
en la cultura de América Latina, poniendo énfasis en las subculturas, clase
subordinada y cultura popular, cuyos ejes son la literatura, el arte, la
filosofía y las ciencias sociales. Lilos E. C. en general son un abanico que
involucra mucho más que aspectos generales de la cultura auxiliados por: el
estructuralismo francés, la filosofía, el posestructuralismo, modelos
sociológicos de la cultura entre otros.
Tendencias actuales
En cuanto
al desarrollo de una agenda de investigación en estudios culturales
latinoamericanos en Estados Unidos y la participación importante de académicos
latinoamericanos que trabajan en las universidades mexicanas y estadounidenses,
el autor plantea que entre los años de 1996 y 1997 la revista británica Journal
of Latin American Cultural Studies realizó una serie de entrevistas a intelectuales
latinoamericanos que cultivaban prácticas de investigación y escritura
adscritas, en términos generales, a los estudios culturales. Estos
intelectuales, casi sin excepción, declaran que su praxis es culturalista avant
la lettre, o sea, que están realizando un tipo de investigación dentro de
agendas de investigación nacionales o
independientemente de programas estadounidenses (“me involucré en los estudios
culturales antes de saber cómo se llamaban” dice Néstor García Canclini,
“Cultural Studies Questionnaire”: 86).
Por tanto los estudios culturales
latinoamericanos son organizados como tales en la academia estadounidense en
diálogo con los estudios culturales anglófilos, el posestructuralismo francés,
el pos-colonialismo, los estudios del subalterno y una serie de movimientos
locales surgidos de los movimientos de derechos civiles de los años sesenta
como son los programas de estudios chicanos, afroamericanos, queer, de
género, asiático-americanos, etc. Si bien el rótulo de estudios culturales latinoamericanos
es una etiqueta de origen estadounidense, la abundancia de investigaciones
realizadas bajo esa rúbrica representa toda la diversidad y riqueza del
hemisferio.
Ahora bien, los Estudios
Culturales Latinoamericanos podrían definirse, muy a grosso modo, como
un campo de estudio configurado dentro de la tradición crítica latinoamericana
(el ensayo de ideas lo que Julio Ramos ha llamado el “ensayo humanista o
secular”, la teoría de la dependencia y la teología de la liberación), que se
mantiene en un diálogo constante, muchas veces conflictivo, con las escuelas de
pensamiento europeas y norteamericanas (los “Cultural Studies” en sus dos
vertientes inglesa y norteamericana, el estructuralismo francés, las filosofías
posestructuralistas y posmodernas, la sociología de la cultura, la Escuela de
Frankfurt, la semiótica, el feminismo y el marxismo) (Rios, 2002).
Así, los estudios
culturales en Latinoamérica son entendidos como que estos constituyen una
determinada manera de abordar los fenómenos sociales, es decir, desde la
cultura (Repoll en Rosa, 2013). Tres
de los precursores de los estudios culturales en América Latina son NéstorGarcía Canclini, Jesús Martín barbero y Renato Ortiz.
Entre
los aportes que hace García Canclini a los estudios culturales latinoamericanos
se encuentra el libro Las culturas populares en el capitalismo (1982)
donde propone que las culturas populares se configuran por un proceso de
apropiación desigual de los bienes por parte de los sectores subalternos (García Canclini, 1982;
p. 62). En efecto el teórico argentino hace
referencia a una cultura de apropiación de bienes como es el caso de la
colonización en América Latina, la marginación de los grupos minoritarios y
étnicos; está dada por la reproducción y transformación, real y simbólica de
trabajo y la vida.
En consecuencia a lo
argumentado anteriormente García Canclini sostiene que las culturas populares
se constituyen en dos espacios: a) las prácticas laborales, familiares,
comunicacionales y b) las prácticas y formas de pensamiento. En el
primer espacio señala que el sistema capitalista organiza el modo de vida de
todos sus miembros, como cultura dominante. El segundo espacio se refiere a que
el sector popular crea para sí mismo, para concebir y manifestar su propia
realidad, como cultura dominada.
García Canclini en su
libro Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad (2001),
propone la práctica de ciencias sociales nómadas para tomar en cuenta su nueva
concepción del mundo de la cultura. La hibridez no sólo refleja la
heterogeneidad temporal, es decir los cruces socioculturales en que lo
tradicional y lo moderno se mezclan, los cuales no sólo caracterizan la
producción cultural latinoamericana, sino también la dificultad de comprender
las expresiones cultas, populares y masivas como categorías discretas de
producción cultural (Szurmuk & Irwin, s.a, pág. 15)
En cuanto a los aportes
de Jesús Martin Barbero a los Estudios Culturales en Latinoamérica, se puede
decir que este teórico de origen español y nacionalidad colombiana, plantea el
debate de la comunicación en un plano cultural para establecer nuevos patrones
de investigación, por lo tanto sus indagaciones inician con el abordaje de las
mediaciones. El concepto de las mediaciones según el autor es entendido como
formas, condiciones y espacio desde los cuales los medios de comunicación son
producidos y a la vez consumidos (Quirós
en Pineda, 2013).
Así,
Barbero propone tres enfoques del concepto de mediaciones, a partir de lo cual
es posible identificar las vertientes de la producción cultural de contenidos.
Como primer lugar este teórico plantea la cotidianeidad y el estilo coloquial
de la televisión y la inmediatez de la rutina diaria y el círculo familiar. En
segundo lugar, la conexión de los ritmos temporales, puesto que el ritmo
temporal de la televisión no se ajusta necesariamente al ritmo temporal de la
audiencia. Por último están los géneros de los medios, quizá un
ejemplo clave en este tercer enfoque son las telenovelas, dado que la
repetición continua de géneros es el vínculo entre la televisión manipuladora
de masas, comercial y competitiva la experiencia satisfactoria del
reconocimiento de la identidad cultural (Quirós, 2008).
Su obra De los medios a las mediaciones (1991)
presenta las ideas de permanecer en el campo de la modernidad o bien aliarse a
determinadas posiciones post modernas que invaden las sociedades
contemporáneas. El punto donde esta tensión es más visible está relacionado con
su análisis sobre la crisis del espacio público y, a su vez, de lo político.
Según Sunkel (2002) Barbero en su texto llega al tema del consumo por un camino
distinto: a través de la crítica al “mediacentrismo” y su elaboración de la
categoría de mediaciones.
En palabras de Pineda (2013) la mediación cultural de Jesús
Martín Barbero considera que la recepción de lo que emiten los medios de
comunicación, no es pasiva, es decir, el individuo no acepta lo que le imponen;
primero reconoce los elementos que le significan y se los apropia a través de
mediaciones, que pueden ser personales, colectivas, institucionales. Es así
como lo que importa no es el mensaje, sino lo que el público recibió,
reflexionó, interpretó y se apropió.
Además
de los mencionados, otro teórico que hay que destacar en el ámbito de los
estudios culturales latinoamericanos es Renato Ortiz, para quien el marco de
referencia es el del ámbito nacional de Brasil, país en el que la identidad
nacional ha sido siempre una cuestión política.
En sus textos Ortiz se interesa por las
consecuencias sobre las identidades colectivas de lo que denomina –siguiendo la
formulación de Braudel– modernidad mundial. En el fondo de este argumento está
la proposición de que los principios clásicos de integración, territorialidad y
centralidad que se han sostenido para caracterizar a la nación –y para poner
las bases de la identidad nacional– han sido en buena medida desplazados por los
procesos de globalización (Schlesinger & Morris, s.a).
Ortiz insiste en la idea de que la clásica
nación-Estado "no es sólo una entidad político-administrativa, sino un
ámbito de producción del significado”. Sin embargo, sostiene, siguiendo a
Giddens, que necesitamos ir más allá de la forma de nación-Estado y señala la
repercusión del proceso de desencaje, la dislocación del espacio y del tiempo
que es un aspecto de la modernidad en sí misma. Las contradicciones inducidas
por la globalización significan que la identidad nacional pierde su monopolio
de producir el significado.
En palabras de Schlesinger & Morris (s.a)
Ortiz señala que no se refiera a la cultura global ni a la identidad, sino a
cómo "el movimiento de desterritorialización hacia fuera de las fronteras
nacionales acelera las condiciones de movilidad y desencaja. Presenta ejemplos
de este proceso, como la cultura compartida por la juventud que trasciende las
fronteras nacionales, y la difusión de pautas de consumo y gustos de la clase
media. Asimismo referencia al modo en que la música afro-brasileña-caribeña ha
sobrepasado las fronteras del Estado nacional y al auge de las luchas
lingüísticas y regionales en Latinoamérica, en la que agrupaciones de rango
inferior han reclamado nueva identidad.
En resumen, Ortiz
insiste en que hay una jerarquía de relaciones. La diversidad, sostiene, no
equivale a democracia; la modernidad mundial brinda a los sectores sociales
múltiples referentes, y éstos los usan de diferentes maneras. Sin embargo, la
disponibilidad en el ámbito internacional, el uso y la adaptabilidad de un
conjunto de símbolos compartidos para la construcción de la identidad no debe
interpretarse automáticamente como un impulso democratizador.
La
sociedad global, lejos de incentivar la igualdad de las identidades, está
surcada por una jerarquía, clara y despiadada. Las identidades son diferentes y
desiguales, porque sus artífices, las instancias que las construyen, ocupan
diferentes posiciones de poder y legitimidad.
En resumen se puede decir que, en formas muy
similares a las de Martín-Barbero, Néstor García Canclini argumenta que los
medios de comunicación social no han barrido las formas tradicionales de
expresión cultural, sino que han contribuido a una remodelación que ha
transformado y desplazado los modos anteriores de concebir la cultura: "Lo
masivo, lo popular y lo elitista ya no se encuentra en sus lugares habituales.
Lo tradicional y lo moderno se mezclan continuamente".
Los Estudios
Culturales Centroamericanos
En la zona de Centroamérica, en los últimos años
aproximadamente, los Estudios Culturales se han hecho presente, solo que de
distinta forma, dado que según Fumero (2010) un gran número de intelectuales, combinaron
sus investigaciones con trabajo y práctica académica. En otras palabras, que
los estudios de la región mencionada combinaban diversas actividades académicas
con participaciones en instituciones públicas, militancia (social y política) o
en medios de comunicación.
Los procesos que hacen diferente a los Estudios Culturales Centroamericanos,
según Fumero (2010) son los movimientos revolucionarios, la crisis de la
izquierda y la falta de interés de los académicos en percibir y manifestar los
procesos socio-económicos y políticos fueron alternativas para que se le diera
más relevancia a los estudios culturales, pos-coloniales y subalternos.
Entonces, los estudios culturales centroamericanos retoman dichos procesos, ya
mencionados en este apartado, para explicarlos y así diferenciarse de los
Estudios Culturales Latinoamericanos y estadounidenses, dado que parten del desencanto del debilitamiento de la izquierda y de
los procesos económicos, sociales y políticos. Así también,
…los
estudios culturales surgen desde las humanidades, en Centroamérica estas
investigaciones emergen de las ciencias sociales a diferencia de los de Estados
Unidos que surgieron de las humanidades. (Fumero, 2010, p. 300).
Los Estudios Culturales en Centro América sientan sus bases en la historia, la
sociología, la antropología y la psicología, entre otras disciplinas que
conforman las ciencias sociales, para dar a conocer situaciones que estaba
viviendo Centroamérica. De ahí que las
investigaciones de los académicos dieron un giro y cambio de interés por los
temas como el estado-nación, la cultura
política, la cultura popular, la vida cotidiana, el género, la sexualidad, la
subjetividad, la identidad y la etnicidad (Borja, 2015, p.5). Agregar que
los escritores pioneros de los estudios culturales surgen en los años noventa.
Ahora bien, entre los académicos que de cierto modo han
realizado estudios culturales, específicamente en El Salvador encontramos a AmparoMarroquín Parducci, Beatriz Cortéz, Luis Alvarenga, Miguel Huezo Mixco, RafaelLara Martínez, Mario Vásquez Oliveira, Ricardo Roque Baldovinos y Tania Pleitez
Vela. Pero, en lo que respecta a este apartado, solamente se retomará a Lara
Martínez. Hay que mencionar que El Salvador ha estado marcado durante mucho
tiempo por la lucha política, social y la identificación de grupos indígenas,
que en muchas ocasiones retoman para hacer literatura.
El autor en cuestión, Lara Martínez, realiza un estudio
sobre la lengua náhuat en su libro Artes
de la Lengua Náhuat-pipil, y dicho estudio se puede basar entre los temas
de étnica e identidad (algunos grupos étnicos se identifican o diferencian por
el dialecto que practican) que incluyen los académicos cuando hacen estudios
culturales.
Este escritor ha realizado estudios desde la perspectiva
cultural manifestada en las etnias, es decir, lo indígena a través de sus
trabajos. La memoria histórica olvidada por la sociedad salvadoreña y una
reivindicación de los pueblos aborígenes de nuestro país (Lara Martínez, 2014).
El autor en mención rastrea en su enfoque reivindicativo, el rescate de la
lengua pilpil salvadoreña y el despertar por el nacionalismo hacia las
costumbres ancestrales de nuestros antepasados, abolidos por la imposición del
yugo extranjero (español).
En primera instancia Lara Martínez (2014) trastoca las ideas
que tímidamente abordan el tema de la lengua Nahuat pipil. De modo que, ahonda
más en el estudio de las artes como símbolo de identidad indígena, en razón de
algunas recopilaciones que investigadores realizaron entre 1935 y 1985. Es así
que, el abordaje del tema indígena está presente en los trabajos de Lara
Martínez.
Así mismo, reconoce que a nadie le interesa la trascendencia
de la Lengua Nahuat Pipil, pues, salvo a la etno-musicóloga María de Baratta le
interesa reclamar al indígena (Lara Martínez, 2014). En otras palabras, los
estudios realizados hasta el momento son de escasa difusión y no generan la
atención necesaria en un reconocimiento de la cultura aborigen salvadoreña.
En segundo lugar, se enfoca en un nacionalismo para revivir
la memoria histórica en la sociedad salvadoreña. En este sentido, Lara Martínez
(2014) se aboca a que la cuidad letrada estigmatiza lo indígena con el
barbarismo de las periferias. Es decir, la exclusión de lo aborigen y el
peyorativo social del concepto de indio.
Además, toca el elemento de identidad selectiva, en razón de
lo que la historia oficial quiere que se sepa en la sociedad,
No
se duda que un legado cultural que se establece en la literatura constituye una
identidad nacional. Desde la ciudad, las letras enlazan a los escritores y a
sus lectores en una red social de símbolos e imágenes que sustituyen lo real
(Lara Martínez, 2014, p. 20).
En efecto, la memoria de la cultura nacional es mimetizada
por una mera invención de historia oficial sobre los hechos reales que, han
ocultado la erradicación de las culturas o etnias indígenas salvadoreñas.
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sociedad andina (págs. 11-28). Quito: ABYA YALA.
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